El mercado del contrabando, la piratería, lo robado y lo ilícito se presenta con todas sus fuerzas ante las compras de regreso a clases. “A la vista de todos, esta fotografía retrata una danza frenética de consumo, dejando en claro que el mercado informal es hoy el sector más activo y mayor empleador del país; más de 35 millones de personas trabajan en él, siendo sobreexplotados, recibiendo salarios ínfimos y aceptando precariedad laboral, dijo que Cuauhtémoc Rivera, presidente de la Alianza Nacional de Pequeños Comerciantes (ANPEC).

El mercado informal paga apenas un tercio de lo que paga el formal y evade impuestos que significan cientos de miles de millones de pesos que la Hacienda Pública deja de percibir año con año, esta pérdida de recaudación va en el rango del 3 por ciento del PIB”, explicó.

Para fines prácticos el mercado negro opera como caja chica del crimen organizado: con él salda su gasto de operación, los negocios de calle financian las nóminas de dealers y halcones, y sus gastos de mordidas a policías de baja monta.

La informalidad incrementa la criminalidad y la violencia en las calles, se siembra el caldo de cultivo del fenómeno de la extorsión (telefónica, cobro de piso en punto de venta, carretera), asaltos carreteros o ferroviarios, cobros por cultivo a productores agrícolas, entre otros. La piratería alienta una cascada de delitos que debilita la seguridad pública y deja ver a México como un país sin ley, gobernado por la delincuencia, destruyendo su reputación en el peor de los momentos, justo en medio de una guerra comercial arancelaria sin precedentes que demanda certeza, confianza y justicia como principales requisitos.

Estas son las secuelas de no tener el control de las fronteras y en consecuencia no ejercer plenamente la soberanía. Hoy, México es un verdadero queso gruyer por donde entra todo tipo de mercancía de contrabando, pirata, adulterada y robada, ya sea por aire, tierra, mar o incluso subacuática; por todos estos planos entran miles de toneladas de mercancías que dan forma y conforman a la principal fuerza económica del país.

En la memoria colectiva todo esto empezó como algo menor con la venta de CDs piratas (de música y películas), pasamos a cigarros de contrabando, vinos, whisky, pacas de ropa fallada o usada, electrónicos, perfumes, joyería, tenis, zapatos, llantas, videojuegos, computadoras, etc. Así se fue fundando el México pirata que ahora padecemos.

En el país la piratería se ha normalizado. Comprar en ese mercado ya no es extraño ni mal visto, es socialmente aceptado como una opción de compra natural a la que cualquiera puede recurrir de querer, porque ahí está y no se penaliza.

“Durante todo este tiempo el Estado se ha hecho de la vista gorda; permitió, toleró o incluso se coludió con este comercio ilegal. Apenas ahora se anuncia una iniciativa por parte del ejecutivo para tomar el control aduanero sin tener mayores elementos de la misma. La iniciativa en sí es el reconocimiento explícito de lo que aquí afirmamos: México no tiene ahora control efectivo de sus aduanas fronterizas, no tenemos control de lo que entra a nuestro país”, resaltó.

El gran reto económico de México no está en subir impuestos, sino en apoyar la formalización y fortalecer al comercio legal. El paso que hoy se pretende dar de castigar el consumo de alta demanda popular por ser una herramienta eficaz de recaudación, no es otra cosa que perder lo más por lo menos.

 

 

 

 

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