México enfrenta una de las peores crisis hídricas de su historia: 26 millones de personas viven en condiciones de estrés hídrico y estados como Nuevo León, Chihuahua y la CDMX han enfrentado severos recortes en el suministro. En este escenario, pocas veces se habla de cómo la moda acelera el problema. Producir un jean consume 7.500 litros de agua, mientras que una gabardina necesita alrededor de 2.500 litros.

El más reciente informe de GoTrendier muestra que en 2024, gracias a la moda circular, las mexicanas lograron ahorrar 541.100.000 litros de agua, una cifra equivalente a 216 piscinas olímpicas o al consumo anual de Tijuana, Acapulco y Cancún juntos.

El ahorro no se detuvo ahí: con más de 6 millones de prendas reutilizadas, México evitó la emisión de 8.922 toneladas de CO₂ y la generación de 624.700 kilos de basura textil. En un país donde cada año se producen más de 500 mil toneladas de residuos textiles, el dato cobra especial relevancia.

“La emergencia hídrica en México nos obliga a mirar más allá del consumo inmediato. Cada prenda de segunda mano es un ahorro real de agua y un respiro frente a una crisis que ya golpea a millones de personas”, afirmó Aloma García, Country Manager de GoTrendier México.

El impacto de la moda en el agua no solo se da por el volumen utilizado en la producción. Los tintes y químicos descargados en ríos y lagunas convierten a la industria en una de las más contaminantes del mundo. Al extender la vida útil de una prenda, se reduce no solo la extracción de agua, sino también la presión sobre los ecosistemas.

En esta Semana del Agua, la reflexión es contundente: la ropa que elegimos no es inocua. La sostenibilidad ya no puede ser vista como un accesorio de estilo; es una condición de supervivencia en un país donde cada gota cuenta.

 

 

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