La Presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, firmó un acuerdo trilateral con sus homólogos de Guatemala, Bernardo Arévalo de León; y de Belice, Juan Antonio Briceño, para preservar 5.7 millones de hectáreas de Mesoamérica, a través de la creación de un nuevo Corredor Biocultural de la Gran Selva Maya.
Esta iniciativa va a beneficiar a 2 millones de habitantes de la región de los tres países y reconoce que la naturaleza, la cultura y el desarrollo sostenible no conocen fronteras con la cooperación solidaria entre estas naciones.
Los 5.7 millones de hectáreas están integradas por 12 áreas naturales protegidas de México, 27 de Guatemala y 11 de Belice, donde habitan especies como el jaguar, la guacamaya roja, el tapir y el emblemático quetzal y donde se beneficiarán aproximadamente 7 mil especies, 200 en categoría de riesgo, 50 prioritarias y 250 endémicas de México.
Entre las acciones de cooperación se establece: compartir información, tecnología y entrenamiento en materia de manejo integrado del fuego, tala ilegal, deforestación; gestionar el aprovechamiento de los bienes maderables y no maderables de las selvas de manera inclusiva en favor de las comunidades habitantes.
Como parte del anuncio, se declaró al 15 de agosto, como el Día de la Gran Selva Maya y se creó el premio “Mérito a la Conservación” para reconocer a las personas que dedican su vida a preservar las especies y el medio ambiente. Esta declaración conjunta promueve la participación social y reconoce a las comunidades indígenas mayas y afrodescendientes como cuidadoras de la naturaleza.
También se dialogó sobre una futura ampliación del Tren Maya con los vecinos del sur de México. “El Tren Maya es un éxito en México. Hasta ahora lo han utilizado más de millón y medio de personas. Es un proyecto estratégico de desarrollo”, afirmó la mandataria mexicana.
Recordó que el Tren Maya fue creado como un proyecto estratégico de México para llevar el desarrollo a las regiones del sur del país, atrasadas en comparación con las zonas industriales del norte.
“Es una visión desarrollo distinta, en la que las comunidades están integradas. No solamente es el reconocimiento de los sitios arqueológicos, de los antiguos mayas. Representa la posibilidad de desarrollo comunitario, porque además se hicieron diversas obras vinculadas con el Tren Maya para el mejoramiento de las comunidades”, dijo.
