La inteligencia artificial (IA) ya no es una promesa futura: es una realidad presente en las áreas de comunicación, marketing y relaciones públicas. Pero mientras algunas marcas corren a adoptar herramientas sin un plan claro, otras aún dudan entre automatizar y preservar el criterio humano.
En relaciones públicas, la IA puede aportar velocidad y eficiencia, pero no reemplaza la empatía ni la capacidad de leer un contexto. La diferencia entre una respuesta oportuna y una reacción deshumanizada sigue estando en la sensibilidad de quien comunica.
“La IA es una gran aliada para aumentar eficiencia, pero no reemplaza el juicio humano. En relaciones públicas, lo que importa no es solo lo que se dice, sino cómo y por qué se dice. Y eso, por ahora, sigue siendo profundamente humano”, afirma Karina Barcellos, Chief Strategy Officer (CSO) de la agencia Another.
De acuerdo con una investigación de The Conference Board (2024), el 87 por ciento de los profesionales del marketing y el 85 por ciento de los comunicadores han usado IA en al menos una aplicación, y el 68 y 60 por ciento respectivamente ya la utilizan de forma regular en su trabajo diario. Además, el 82 por ciento espera que la IA incremente la productividad, y la mitad confía en que impulsará mejoras en resultados financieros, aprendizaje y desarrollo de nuevos productos o servicios.
A pesar de los desafíos, estos datos refuerzan que el potencial de la IA está en promover el rendimiento estratégico, no en reemplazar el criterio humano. Aunque solo un poco más de 4 de cada 10 encuestados cree que la IA mejorará la creatividad o la calidad del trabajo, y cerca del 30 por ciento teme que pueda afectarlas, esto representa una gran oportunidad para usar la tecnología como fuente de inspiración y eficiencia.
“El reto está en usar la IA para potenciar lo mejor del talento humano, no para sustituirlo. Lo que hace que una estrategia conecte sigue siendo la sensibilidad, el criterio y la empatía”, destacó.
Asimismo, preocupaciones como la desinformación, los riesgos legales, la seguridad de los datos y la necesidad de capacitación no son frenos, sino señales claras de que la adopción debe ser ética, gradual y centrada en el propósito. La IA no solo exige entrenamiento técnico, sino también claridad cultural.
La experta señala que algunas claves para integrar la IA al ámbito de la comunicación sin perder el factor humano es usar la IA como apoyo, no como atajo; automatizar lo técnico, cuidar lo emocional, no debe olvidarse que el 40 por ciento de personas teme que la IA disminuya el empleo y el 22 por cientocree que afectará negativamente la cultura de equipo.
Como tercer punto, se debe escuchar antes de ejecutar; entrenar bien antes de implementar, pues entre las principales preocupaciones del sector están la desinformación, la falta de precisión, la incertidumbre legal y la necesidad urgente de formación técnica. Adoptar IA sin guía puede ser más riesgoso que útil.
Un quinto factor es conectar tecnología con propósito; y mantener el criterio en el centro, ya que, la IA propone, el humano decide. Evaluar riesgos, ajustar el tono o identificar el momento adecuado para comunicar sigue siendo parte de la inteligencia humana. La reputación se construye con coherencia, no con prompts.
