La población infantil con sobrepeso y obesidad presenta retardo en la sensación de gratificación, dificultades de cognición social, pobre autorregulación emocional, menor flexibilidad cognitiva, decisiones emocionales desfavorables y bajo control de la inhibición, destacan resultados preliminares de un estudio de la UNAM en la materia.

Maura Jazmín Ramírez Flores, investigadora de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, detalló que la labor sobre la influencia de la obesidad en el funcionamiento cerebral de infantes en desarrollo se realiza actualmente en el Laboratorio de Neuropsicología y Cognición de esta entidad académica.

La investigación, encabezada por Karla García, Dalia Rodríguez y José Luis Rodríguez, de la FP, permitió a los participantes utilizar una plataforma llamada EFECS diseñada para revisar las funciones ejecutivas (controlar la inhibición, flexibilidad cognitiva) y cognición social (reconocer emociones, errores y el lenguaje pragmático).

Ramírez Flores abundó que “se observó que tuvieron más problemas con la memoria de trabajo verbal, pero la de trabajo visual fue mejor. Hay estudios previos que señalan que esta puede estar vinculada con las características de los alimentos que consumen”.

La investigadora agregó que 90.9 por ciento refirió tener hermanos y/o padres con adiposidad; 40.9 por ciento piensa que ellos mismos tienen exceso de peso, mientras que solo 35.5 por ciento de quienes tienen peso normal indicaron contar con familiares con sobrepeso; y 71.4 por ciento afirmó realizar alguna actividad física fuera de la escuela.

La  profesora de la FP en el área de Psicobiología y Neurociencias destacó que la Organización Mundial de la Salud define a la obesidad y el sobrepeso como la acumulación de grasa (adiposidad) poco saludable para su edad, sexo y estatura; calcula que aproximadamente 37 millones, de tres a cinco años, tienen sobrepeso; de cinco a 19 años hay 390 millones con sobrepeso; y 160 millones con obesidad.

La también profesora en la maestría de Neuropsicología Clínica manifestó que en el caso del cerebro de las personas adultas con esos padecimientos se ha documentado menor capacidad o incapacidad para inhibir el impulso de buscar y consumir alimentos, especialmente porque se involucran los circuitos relacionados con el aprendizaje y la memoria.

 

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